martes, 4 de mayo de 2010

Fuego interior

Suave, prístino
Viviendo la armonía
Comenzando una búsqueda de entidades

Sencillo, tal vez
Aliviando a los pétalos de su escasez
Recibiendo de la cima una montaña
De un camino su figura

Alentador, el destino grita
Con los sueños en sus palmas rotando
Y una llama que consuela la tristeza
Aun cuando el alma casi perezca.

El sonido precipita en la cordillera
Como mar que su arena no aleja
Asimismo el sonido no aparta
Ni ahuyenta del cálido porvenir

Cuando las hojas por fin el suelo rocen
Surgirá la claridad del panorama,
La eterna vista
El eterno morador

Vibraran escudos y paredes
Temblará la tierra misma
Cuando la sombra se pose debilitada
Tras la silueta que el faro alumbra

Vibraran escudos y paredes
Temblará la tierra misma
Cuando la sombra se pose debilitada
Tras la silueta que el faro alumbra

Y caerán las tormentas sobre la abadía
Que siempre sensible permanece
Brotará de sus restos la energía,
Energía de continuo amanecer

Cada minuto la campana retumbante
De la brisa capta atención
Y un delirio del rocío proveniente
Prolifera en un mar sin dirección

Aun en tempestad, surge…
Aun en derrumbes, surge…
Aun en tormentas, surge…

El fuego interior

Miguel Mena García

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